Documentos difundidos por la inteligencia estadounidense refuerzan la posibilidad de que el virus saliera accidentalmente de un laboratorio en Wuhan, pero no demuestran que China lo haya creado intencionalmente.
WASHINGTON.— El gobierno de Estados Unidos difundió nuevos documentos relacionados con el origen del COVID-19 y sostuvo que la pandemia pudo comenzar por un accidente dentro de un laboratorio de Wuhan, China.
En términos sencillos, una fuga de laboratorio significa que un virus almacenado o estudiado dentro de una instalación pudo infectar accidentalmente a un trabajador y después comenzar a transmitirse entre la población.
Esto no significa necesariamente que el virus haya sido creado dentro del laboratorio. Un centro de investigación también puede almacenar virus encontrados en animales para estudiarlos, conocer su comportamiento o desarrollar tratamientos.
La Oficina del Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos publicó el 18 de junio de 2026 documentos y comunicaciones que, según la dependencia, respaldan la hipótesis de una fuga involuntaria en el Instituto de Virología de Wuhan.
La entonces directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, afirmó que investigaciones con coronavirus de murciélagos realizadas en ese instituto recibieron financiamiento estadounidense y pudieron estar relacionadas con el inicio de la pandemia. Se trata de la postura presentada por esa dependencia, no de una conclusión científica aceptada de manera unánime.
El Instituto de Virología de Wuhan se encuentra en la misma ciudad donde fueron identificados los primeros casos de COVID-19 a finales de 2019. Antes de la pandemia, sus investigadores estudiaban diferentes tipos de coronavirus encontrados en murciélagos.
La hipótesis estadounidense plantea que alguno de esos virus pudo salir accidentalmente del laboratorio, posiblemente después de que un trabajador resultara infectado.
El Buró Federal de Investigaciones, conocido como FBI, ha sostenido desde hace varios años que el inicio de la pandemia probablemente estuvo relacionado con un incidente de laboratorio en Wuhan. Sin embargo, también reconoce que no existe una conclusión definitiva compartida por todas las agencias de inteligencia estadounidenses.
Un informe desclasificado en 2023 mostró que las agencias estadounidenses mantenían diferentes opiniones. Algunas consideraban más probable una fuga de laboratorio, mientras otras favorecían la posibilidad de que el virus hubiera pasado naturalmente de un animal a una persona.
Ese informe también indicó que no había evidencia de que el SARS-CoV-2 hubiera sido desarrollado como arma biológica. Casi todas las agencias consideraban que no había sido diseñado genéticamente y el documento reconocía que no existía evidencia directa de un accidente específico dentro del Instituto de Virología de Wuhan.
Por esa razón, afirmar que Estados Unidos investiga una posible fuga de laboratorio no es lo mismo que asegurar que China fabricó el COVID-19.
Hasta el momento, la información pública no permite establecer qué virus habría estado dentro del laboratorio, quién pudo haberse contagiado primero ni cómo habría ocurrido la supuesta fuga.
La Organización Mundial de la Salud informó en junio de 2025 que la evidencia científica disponible favorecía una transmisión natural desde animales, posiblemente desde murciélagos o mediante otra especie.
No obstante, la OMS señaló que la posibilidad de una fuga de laboratorio debe continuar investigándose porque China no ha entregado toda la información solicitada sobre los primeros contagios, los animales vendidos en mercados de Wuhan y las investigaciones realizadas en los laboratorios de esa ciudad.
En conclusión, Estados Unidos considera posible que el COVID-19 haya comenzado por un accidente de laboratorio en Wuhan. Sin embargo, todavía no existe una prueba pública concluyente que demuestre que China creó deliberadamente el virus, que lo utilizó como arma o que ordenó liberarlo.

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